Especial

12:23 p.m.

Es cierto mi querido Daniel, me he tardado mucho en escribir el especial sobre una de las personas más significativas para la telenovela mexicana y que el pasado día 7 falleció. Él es un personaje legendario, representativo de una época, de una corriente, de la innovación, del experimento, de la propuesta. Una figura hecha en el cine y de quien, a estas fechas, se ha dicho todo: Ernesto Alonso.

Su muerte fue un suceso esperado y a la vez sorpresivo; el medio del espectáculo mexicano no estaba preparado para que uno de sus incansables hacedores partiera dejando inconclusos varios proyectos, y desafortunadamente en contra de sus últimas voluntades, la muerte del señor Alonso fue un circo, una foto truqueada en una revista y un jalón de greñas a una reportera han ocupado mucho más notas que la nota en sí del legado que el llamado "Señor Telenovela" nos heredó a todos los amantes de la historia de la televisión, y sobre todo, a quienes amamos el género del melodrama.

"El Maleficio" fue sin duda la razón por la cuál muchos Ratones ochenteros conocimos su existencia. Cuando era niña (y mis padres me tenían prohibido ver telenovelas, que siempre veía de contrabando detrás de un sillón) me chuté miles de dramas, pero cuando mi padre se sentaba plácidamente a ver el capítulo de esta telenovela (es cierto, "El Maleficio" acercó al género masculino a este menospreciado mundo ficticio) yo huía muerta de miedo: ver cosas que me dieran pesadillas no era mi idea de entretenimiento. Sin embargo fue emblemática: millones de mexicanos recuerdan el cuadro con los ojos en llamas, que le dió a este actor, productor y visionario una imagen tremenda, intensa. Pero después llegó "Senda de Gloria", telenovela que a finales de la década de los 80 nos mostró otra cara del señor: su lado histórico. Loable, maravillosa, extraordinaria manera dignificar al género melodramático. Ahora comprendo a Miguel Alemán, ahora comprendo su paso tan gris como gobernador de Veracruz ante su paso tan decisivo junto con Miguel Sabido y Ernesto Alonso en la creación de la telenovela histórica única en el mundo.

Después crecí y llegaron "el Vuelo del Águila" y "La antorcha encendida". Después crecí y llegaron "Bodas de Odio", la maravillosa "Yo compro a esa mujer", "Amarte es mi pecado" y "Barrera de Amor". Después crecí y escuché su voz narrando la cruda historia de "Los olvidados" y, lo que más le agradezco a Luis Buñuel, lo vi (y lo gocé, lo disfruté) como Archivaldo de la Cruz en "Ensayo de un Crimen", una maravillosa y negra historia sobre un hombre con aspiraciones de homicida cuyos crimenes se frustran de las maneras más extraordinarias posibles. Después crecí y supe de todos los títulos que existieron antes que yo.


La exposición de su talento se compara sólo con el velo de su vida sexual, con su apego a la religión, con su vida exquisita, sus amistades glamorosas, de su capacidad de convocatoria, de su humildad. Lo que es un hecho es que este hombre nunca fue tan radical como algunos otros personajes que o los amas o los odias, no. Él pudo tener enemigos de a montón, y sin embargo nadie duda de su obra, de su rectitud.
Mucho se puede hablar del Señor Telenovela, pero mejor dejo que un experto nos cuente todo lo que se puede decir de él. Yo, desde esta trinchera retrasada, lo homenajeo por sus contribuciones a la historia de la Televisión Mexicana y a la historia de mi propia Televisión.


Por: Álvaro Cueva

¿Ustedes... cómo lo recuerdan?

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