Telenovelas

7:58 p.m.

Hagamos una pequeña encuesta entre ratones: ¿Ustedes se conmocionaron este viernes con el "esperado" y "espectacular" nuevo final de La Madrastra? ¿Realmente pararon sus múltiples actividades por ver quién era el nuevo asesino del difuntito que tuvo a Victoria Ruffo años enteros en la cárcel, en la que conoció al horror de Michelle Viett, la pequeña golosa, en el peor papel de su vida?

Bueno, si ustedes comparten negativas para estas preguntas, bienvenidos a mi club. Nada iguala de ninguna manera la versión original de este bodrio, un clásico de la televisión mexicana, una maravilla de producción, un ejemplo de nuevas tramas para los televidentes y los hacedores de historias a mediados de la década ochentera. Sí. Nada ni nadie como Angélica Aragón, Rogelio Guerra, la maravillosa Beatriz Sheridan, Irma Lozano, Arturo Peniche Alberto Mayagoitia, Carlos Ancira y muchas, muchas otras glorias que formaron el elenco de la gran "Vivir un poco".

Esta telenovela de 1985 estuvo dirigida por Rafael Banquells (tal vez lo recuerden en telenovelas como "Gutierritos", la segunda telenovela de la historia mexicana) y fue producida por Valentín Pimstein, uno de los genios más visionarios de esta industria. En esta producción don Valentín fortaleció ese estilo muy particular de vestir a los hermanos de manera similar (en el caso de Aura y Rosa), de nombrar muy parecido a las familias (los hermanos Atenas, Adrián y Aldo) y de jugar con cosas y trucos algo exagerados que después vimos en Rosa Salvaje o la Pícara Soñadora.

Esta trama, hoy muy menospreciada y mal tratada en ese fiasco llamado "La Madrastra", cuenta la historia de Andrea, una mujer que tras ser culpada de un crimen que no cometió cuya sentencia pagó en la cárcel de Argentina, regresa años después a México a recuperar su vida; sin embargo cuando llega se entera que su marido la dio por muerta ante sus hijos, y decide recuperarlos así como su dignidad al buscar al verdadero asesino de la mujer (amiga suya), el cuál pudo ser cualquiera de los personajes que junto con ella y Gregorio, su marido, realizaron este viaje grupal de vacaciones.

El valor de la historia es la exploración de nuevas opciones, de laberintos, de pruebas y confusiones para el expectador y sobre todo, de una nueva manera de recrear a los villanos, pues en "Vivir un poco" todos tenían motivos, todos eran sospechosos, todos ocultaban algo y, por ende, todos odiaban a Andrea por aparecer de nuevo en el mapa. Con esto se acabaron los esquemas de villanos absolutos.

Así que, queridos Ratones, disfruten de esta entrada (su música, esas imágenes de la mujer en la regadera tan sensuales y escandalosas) que es, al igual que su historia, todo un clásico.

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