Homenaje

1:17 a.m.

Por un grave, muy grave error de mi parte, había olvidado rendirle un muy merecido homenaje en este espacio a un grande que ya no llegó a conocer el 2014. Pedro, "el Mago", Septién, fue un hombre fundamental para la historia del deporte en México pero también para la crónica en todos los medios de comunicación: televisión, radio, cine.

Como yo no soy ninguna autoridad en la materia voy a reproducir la columna que Fernando Mejía Barquera escribió el pasado 26 de diciembre con motivo de su fallecimiento, pero antes quisiera contarles que tuve la fortuna de conocer al famoso "Mago" hace muchos años, una vez que estuvo en tierras veracruzanas, y no sólo pude estar todo un día cerca de él sino que escuché con atención sus historias y yo, al ser la única mujer que estaba en la comitiva que lo acompañaba, recibí de ese hombre toda una colección de piropos y atenciones que solo podían venir de un caballero de alcurnia como él lo fue.

CAMBIO DE FRECUENCIA, Fernando Mejía Barquera: "Mago" Septién, el "Walt Disney" de la crónica... 
Así definió el periodista Ramón Emilio Colombo, en 1967, a Pedro Septién Orozco, El Mago, último de los grandes cronistas deportivos del siglo XX: “En cualquier momento suelta la frase para dar lugar a la estupefacción… Toda proporción guardada, Septién es equivalente en el deporte a Walt Disney, el genio de la pantalla de plata”. 
Frases y aforismos
Efectivamente, El Mago era un prestidigitador de la palabra, capaz de hacer juegos y trucos verbales a partir de un hecho real que era integrado por Septién a un discurso en el que combinaba veracidad con fantasía, dato duro con invención: “Al bat Mickey Mantle, el sensacional granjero de Oklahoma, quien luce sobre su cuello la medalla que le regalara el presidente Eisenhower el 24 de octubre de 1951, cuando Mickey bateó tres jonrones en el Comiskey Park contra tres pitchers: Jones, Wylford y Payn”. 
Pero no solo hizo pirotecnia verbal; también creó frases que devinieron en aforismos beisboleros: “Los récords son profetas que miran hacia atrás”; “el batazo de jonrón vacía las bases y llena los estadios”. 
Cronista deportivo
El 3 de octubre de 1998, tuve oportunidad de entrevistar al Mago Septién para incluir su relato en el ensayo “Televisión y Deporte” incluido en el libro Apuntes para una historia de la televisión mexicana II, coedición Revista Mexicana de Comunicación y Espacio 99. Allí don Pedro relató pasajes de su ingreso a los medios y su vida en ellos, especialmente radio y televisión porque la prensa no le gustaba: “No me gusta estar todo el día en un periódico, me ahogan las paredes de las redacciones”.  
Nacido en Querétaro el 21 de marzo de 1916, El Mago Septién llegó a la radio en 1938 al ganar un concurso para locutores convocado por Enrique Contel, gerente de la XEW y encargado por Emilio Azcárraga Vidaurreta de echar a andar la segunda estación de lo que hoy es Televisa: XEQ. Empezó como locutor comercial y presentador, pero en 1939 se realizó en el Deportivo Chapultepec de la Ciudad de México una serie de tenis entre Texas y México. La “Q” transmitió los partidos y El Mago debutó como cronista deportivo. 
Estrella radiofónica
En esa primera transmisión, Septién comenzó a esbozar el estilo que le haría famoso: frases ingeniosas, inflexiones vocales que correspondían a los momentos dramáticos, emotivos o chuscos, y algo que lo distinguiría: la referencia constante a los orígenes del deporte que narraba, a los grandes jugadores de la historia y el análisis de las acciones a la luz del reglamento. Tenía la ventaja de haber practicado deportes desde niño: jugó beisbol con el equipo infantil General Guerrero; tenis, deporte en el que ganó el campeonato juvenil de Querétaro en 1931; era atleta (corrió los 800 metros en un minuto 59 segundos); nadaba y representó a su estado en un campeonato nacional de basquetbol. 
Según el libro Quién es quién en los deportes (diccionario biográfico) publicado en 1944 por Talleres Gráficos de la Nación en 1944, Pedro Septién era ya en ese año una estrella de la crónica deportiva por radio. Había narrado el primer juego de billar transmitido por ese medio, entre Joe Chamaco y Walter Cochrane (1939); la final de tenis del abierto de Forest Hill —entonces considerado “el campeonato mundial de tenis”— entre Donald Budge y Bobby Riggs (1942); además de transmisiones internacionales, entre ellas dos series mundiales y beisbol desde Cuba. 
El secreto del mago
Narraba también juegos de la Liga Mexicana desde diferentes ciudades del país. Transmitió peleas de box por el campeonato mundial, una de ellas la realizada el 8 de marzo de 1944 en el Gilmore Park de Hollywood, California, en la que Juan Zurita venció a Sammy Angott y se convirtió en el primer mexicano en ganar un campeonato mundial. Luego, en los años 50, vendría la televisión y con ella las transmisiones de las series mundiales, primero a través de kinescopios —imágenes grabadas en película de 16 mm que eran transmitidas por la noche, después de los partidos—, más tarde, en los 60 y los 70, las transmisiones en vivo del Clásico de Otoño. En los 80, Septién estimularía el culto a Fernando Valenzuela, la fernandomanía. 
¿Cuál fue el secreto del Mago Septién para, igual que Ángel Fernández en el caso del futbol, convertir en espectáculo un partido infumable? Me lo dijo en su casa de Lindavista: 
 “En primer lugar tienes que llevar bien tu ritmo, tu maquillaje, no hay partido malo, porque si el partido está flojo entonces empiezas a platicar anécdotas; (esto) se está perdiendo en la actualidad, porque los narradores y comentaristas nada más informan lo que pasa en la cancha, y el chiste no es ése: además de informar hay que instruir, hay que ayudar a llenar el parque y hay que hacer afición”.


Aquí la semblanza que Televisa realizó sobre su vida:


Descanse en paz este gran hombre, Pedro Septién, un auténtico Mago. 

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