Cuestión de estilo

6:06 p.m.

Ustedes disculparán, pero hay algunos temas que no sólo me gustan/intrigan/emocionan, sino que también me obsesionan. Como ya sabrán mis lectores más asiduos, las telenovelas son uno de ellos, pero lo es mucho más el conocer de cerca quiénes las hacen: sus historias, sus personalidades, sus estilos. Estoy convencida de que por mucho que una empresa determine una línea de acción, cada productor de telenovela es capaz de contar una misma historia de maneras muy distintas debido a muchos factores como sus equipos de trabajo, y todos juntos logran crear un estilo de narrativa muy particular que los distingue de los demás.

Si no me he explicado muy bien podemos hacer un breve ejercicio:

Si yo digo Rina y María Mercedes, ¿piensan en conceptos similares? Seré mucho más específica: si le digo Corazón salvaje versión Edith González y Eduardo Palomo, y Corazón Salvaje versión Araceli Arámbula y Eduardo Yañez... ¿creen que hablamos del mismo producto?

Una misma historia no puede ser nunca contada de la misma manera por dos personas diferentes. Intervienen los contextos económicos, políticos, sociales en los que cada una es contada, pero también intervienen los estilos de cada equipo de trabajo. Rina y María Mercedes son la misma historia, contada por el mismo productor (Valentín Pimstein), pero la brecha entre finales de los 70 y principios de los 90 fue experimental para Pimstein, quien en ese ínter cambió su manera de contar melodramas de un estilo mucho más dramático, como el caso de Rina, a uno mucho mas caricaturesco. Después de Rina produjo Vivir un poco, donde por primera vez caracterizó a dos hermanas de la misma manera, aunque una era buena y otra mala. Después lo hizo en Rosa Salvaje y lo repitió en María Mercedes. Fue un guiño de estilo al que dio continuidad después de que Cuna de lobos probara que lo fársico también podía vender. ¿Me voy explicando?

Así como él, otros productores junto con sus equipos buscan dejar su sello personal en las historias que cuentan.

Carlos Sotomayor es uno de los que más he estudiado. Inició su carrera como parte del equipo de Ernesto Alonso como asistente de producción; después, en los años 80 se fue a estudiar cine a Estados Unidos haciendo algunas prácticas en Univisión, y regresó para apoyar a Alonso en la producción de Senda de Gloria. La primera telenovela que produjo por su cuenta fue Pasión y poder, (1998) un melodrama mucho más cercano a las soap operas gringas como Dallas o Dinastía que a las historias de amor que el público mexicano acostumbraba, donde había intrigas corporativas e incluso hasta trasvestis. En 1991 produjo una de sus obras maestras, Cadenas de amargura, y entre muchas otras historias produjo Imperio de cristal (1995), otra historia que combinó la historia romántica con las intrigas entre ricos millonarios que luchaban por el poder, ideal para ser producida por una parte para el público latinoamericano con un elenco, y simultáneamente para el público anglosajón con otro elenco. Este experimento promovido por Televisa y la cadena Fox, encabezado por Sotomayor, no fue muy fructífero, pero sí importante. Entre las últimas cosas que hizo para la empresa fue No tengo madre en 1997, estelarizada por Eugenio Derbez, y la versión de La Mentira protagonizada por Kate del Castillo y Guy Ecker.

Si tomamos en cuenta hay algunas cosas que coinciden en la mayoría de sus producciones: si pensamos en Destino, Valeria y Maximiliano, Imperio de cristal y Pasión y poder, entendemos que Sotomayor se inclinaba más por producir historias con personajes pertenecientes a las clases altas, con estilos de vida muy particulares, y con constantes luchas de poder. Ese podía ser un rasgo característico, tal y como la parte visual más inmediata: los nombres de sus telenovelas siempre se distinguieron por usar tipografías similares (sino en algunos casos la misma), letras mayúsculas y rayas horizontales para delimitar el título. Para muestra este pequeño botón:







Me queda claro que no es ni el primero ni el último en emplear estos recursos, pero para mí alguien quiere seguir los pasos de Sotomayor emulándolo en todo, hasta en estos pequeños detalles: Carlos Moreno.

Quizá decir que lo quiere emular es muy fuerte, quizá más bien tienen aspectos similares en sus trayectorias. Según Wikipedia, Moreno, tras participar como productor ejecutivo en dos melodramas, fue parte del equipo que hizo El secreto (2001), telenovela española producida por Euro ficción TV, Televisión Española TVE, y Televisa. Un remake de la mexicana Retrato de familia. Al igual que Sotomayor le tocó encabezar un proyecto de coproducción internacional, y al igual que él, ha producido las mismas historias.

En nombre del amor fue el remake de Cadenas de amargura; Cuando me enamoro fue en parte La aentira y Quiero amarte, Imperio de cristal. 

Y así como Sotomayor, Moreno imprime un sello en sus producciones en la parte visual, como por ejemplo en la tipografía y los guiños en la letra A:






Desafortunadamente Carlos Moreno tiene en su breve carrera casi puros refritos, que (y aquí es donde entra mi parte personal) me parecen bien ejecutados desde la producción pero pésimamente mal contados desde sus guiones. La insufrible, insoportable y escasamente talentosa Martha Carrillo, junto con Cristina García, han DESTROZADO la mayoría de las historias que rehacen y el futuro que se augura para A que no me dejas (¿no puede ser más horrible el título?), remake de Amor en silencio.

Sí, no se puede contar de igual manera una misma historia y eso no lo voy a poner a discusión. Cada cuento se rehace un narra con las herramientas y los contextos propios de la época y de cada persona. Pero debo confesar que me molesta muchísimo que Moreno no me de la oportunidad de entender su propio estilo porque no puedo dejar de asociarlo con malas historias (de la insufrible de Carrillo) y sobre todo, porque los melodramas que produce tienen características similares a los de Carlos Sotomayor. Bueno, eso digo yo. A lo mejor es sólo cuestión de apreciación y resulta que es mucho mejor de lo que yo he visto, o que me ganan las pasiones y me gana mi lado fan por encima del estudioso. Todo depende del cristal con que se miré, ¿o no?

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